El CAB abre un nuevo ciclo expositivo con las propuestas de Parsec!, June Papineau y Juan Vallejo

Las exposiciones estarán abiertas en el centro de arte contemporáneo de la Fundación Caja de Burgos hasta el próximo 24 de septiembre

[09/06/2017]

El Centro de Arte Caja de Burgos CAB inaugura hoy tres nuevas propuestas artísticas que permanecerán abiertas al público hasta el próximo 24 de septiembre, concebidas, respectivamente por Parsec!, June Papineau y el pintor burgalés Juan Vallejo.

Se trata de tres exposiciones que abordan de manera muy diferente la sensibilidad, la espiritualidad, la relación con la naturaleza, con lo que somos y con lo aparentamos ser y con la preocupación por nuestro territorio.

Parsec!: Masquerade Parsec! El proyecto desarrollado por Parsec! (alter ego del artista Antonio Feliz -Zamora, 1978-) reflexiona sobre los protocolos de ocultación social y personal. A través del empleo de la máscara, un objeto cuyo fuerte carácter simbólico lo vincula con la celebración de numerosos rituales religiosos y profanos, Parsec! construye una explícita alegoría sobre la fábrica de la individualidad, sobre la propia esencia y sobre la transmisión de ideas y pensamientos.

En el Centro de Arte Caja de Burgos CAB Parsec! interviene sus muros. Realiza una obra por fuerza efímera que se complementa con dibujos, pinturas de gran formato, bocetos de acciones e instalación escultórica. Un trabajo generoso y múltiple en el que se combina el azar de la acción directa con la planificación. Un proyecto, a la postre, que hunde sus raíces en uno de los aspectos que la cultura de nuestro tiempo no puede dejar de abordar: nuestra relación con todo aquello que parece haber quedado en los márgenes de la contemporaneidad.

La máscara, presente en culturas y tradiciones ancestrales de todo el mundo, e indisolublemente asociada a la representación teatral, confiere a su portador un estatus mágico como mediador entre lo real y lo fingido, entre la verdad y la invención, entre lo concreto y lo abstracto, en suma.

No en vano el artista emplea para este proyecto su heterónimo Parsec!, el nombre con el que firma sus murales e intervenciones urbanas: un modo de mostrar, según sus propias palabras, "una otredad que me define y me completa".

Parsec! (o 3,3 años luz) es el alter ego de Antonio Feliz. Comenzó a coexistir con su persona real desde 1998 en forma de bocetos, pinturas, anuncios y diseños de moda que mostraban un claro gusto por los años sesenta y por la música electrónica. El interés por estos dos mundos explica la razón por la que eligió esta medida astronómica como alias: el título de la canción nº8 del disco Dots and Loops del grupo británico Stereolab.

El proyecto inicial comenzó a trascender y a mutar hasta que, a partir de 2004, salió al exterior primero en Hamburgo y, posteriormente, en Madrid. En sus inicios realizó tags en forma de perfil; más tarde se caracterizó por el reciclado de materiales encontrados en la calle y devueltos a ella una vez manipulados, en forma de cuadros u objetos intervenidos, que el artista repartió por muy diferentes lugares de todo el mundo.

A partir de 2006 continúa con la que hoy es una de señas de identidad: la obsesiva elaboración de murales, generalmente en contextos rurales, buscando fijar la atención en esos lugares aislados y olvidados. Un modo de utilizar la pintura como arma de reivindicación de unos espacios que no podemos permitirnos que caigan en el olvido.

Este es uno de los aspectos que ha convertido a Parsec! en uno de los artistas de la acción directa que mayor atención concita. En un tiempo en el que el debate sobre la supervivencia del mundo rural se hace más urgente que nunca, la labor de Parsec! constituye una suerte de grito contra la obscenidad que supone el sacrificio de una gran parte de nuestro territorio.

Es también un elemento de transformación consciente, pues modifica de forma deliberada, con sus trazos y dibujos, paredes y edificios. Un modo de subrayar, en ocasiones, la fealdad de tanta construcción erigida sin ningún pudor en nuestros pueblos, o por el contrario de fijar nuestra atención sobre los cada vez más escasos testimonios de una actividad respetuosa con el entorno, con sus prácticas y con su legítimo y natural aprovechamiento.

El discurso plástico de Parsec! se nutre de referencias de ambos mundos, el urbano y el rural: la estética publicitaria, con sus colores y eslóganes para llamar la atención, el gigantismo de las imágenes, la evocación formal clásica, el empleo de rostros y animales como soporte simbólico, el dibujo impecable y bien trazado y el aprovechamiento cabal que las superficies -a menudo rugosas y caprichosas- ofrecen.

June Papineau: ¿Chopo viejo! Has caído. El explícito verso de Lorca y la descripción realizada por la artista suizo-americana June Papineau ( Manchester [Connecticut], EE. UU., 1958) sintetizan el sugerente y delicado proyecto que se presenta en el Centro de Arte Caja de Burgos CAB.

Lejos de toda tentación recreativa, e igualmente en los márgenes de la tradición naturalista, Papineau huye de la representación convencional con que los botánicos se ocupan de anotar y clasificar las diferentes especies vegetales para, con sus mismas armas, proponer una sutil reflexión sobre el paso del tiempo.

En 2011 la artista se encontró en L'Etournel, en un bosque de la rivera del Ródano, con un álamo. "No es un álamo cualquiera -nos dice la artista-, se trata de un Pópulos nigra subespecie betulifolia, un chopo de características únicas y sobresalientes que ya no es tan fácil de encontrar. Un árbol nativo de los bosques aluviales del noroeste de Europa en peligro de extinción debido en gran parte a la pérdida de su hábitat".

Tomar conciencia de la desaparición, pero también de la resistencia de este árbol, anotarlo pacientemente, atender a sus requerimientos, contemplar su lucha desesperada por la supervivencia, dejarse acariciar o amordazar por el entorno, ser testigo de ella y a la par su cómplice, observar pacientemente la belleza que desprende cada último gesto e intentar fijarlo, respetuosamente, en un conjunto de dibujos que se erigen en un tributo a todo cuanto nos precede: esa ha sido la razón de ser del proyecto que June Papineau presenta en el CAB.

"¿Se puede sentir compasión por un árbol? ¿Por un árbol anciano incapaz de sostenerse en pie? ¿O acaso si me ha emocionado tanto ha sido por ver nuestro destino reflejado en su inminente disolución?". Esta reflexión de la artista sobre cuanto está llamado a desaparecer, sin que en apariencia parezca afectarnos, sitúa al espectador ante el espejo de su propia existencia. Dibujos a la acuarela que nos advierten de cuanto somos, de cuanto nos sucede, tan inaprensible y efímero como a la par necesitado de atención; pieles, como vaciados -como máscaras mortuorias o como un envés simétrico del árbol que un día fue- desplegados, colgados como espectros de un bosque exánime.

Los dibujos realizados a la acuarela in situ, desde 2011 hasta 2017, y las pieles de un árbol que llegó a alcanzar treinta metros antes de desplomarse sobre el suelo gradúan el contenido de la exposición: "En el otoño de 2011 decido dibujar lo que veo. Con lápiz y papel empiezo por intentar captar el árbol en su totalidad. Sin embargo la enorme masa de ramas que tengo delante solo me deja dibujar aquello que, literalmente, apresa mi mirada. Al dibujar, el dibujo me apresa", relata la autora.

Las pieles, "gemelos especulares" en palabras de Papineau (nuestros gemelos devueltos en el espejo de la mirada, a la postre), invierten las marcas del árbol, los arañazos, las protuberancias, las raíces, los brotes arrancados y los que prosperaron. Obtenidas tras una compleja y cuidadosa operación que precisa del recubrimiento en arcilla y su reentelado para dotarlo de consistencia, se convierten en sujetos evocadores de una existencia casi borrada, casi ilusoria.

La autora identifica estas pieles como Goyesques [Goyescas]. Con ellas alude a dos de las grandes trabajos del pintor aragonés. Los desatres de la Guerra por un lado y las pinturas de la Quinta del Sordo, por otro. "Todo el ramaje que se arremolinaba en torno a un extremo estaba plagado de lobanillos gruesos que parecían tener vida propia: unos simulacros de animalidad, torturados y deformes. Me vino a la mente uno de los aguafuertes más estremecedores de Los desastres de la guerra de Goya -Grande hazaña, con muertos- y sus cadáveres mutilados atados a un árbol maltratado por la intemperie". Las figuras que cubrieron la Quinta del Sordo entendidas como una alegoría de la compasión sin límites, según la interpretación de Yves Bonnefoy que refiere la artista: "la compasión absoluta es lo único real en un universo donde todo es ilusorio salvo el dolor".

"Las pieles captan los rasgos de las ramas que forman la copa -explica June Papineau-. Las dos primeras pieles datan de 2013; era un momento crítico, el álamo negro llevaba unos años desarraigado y muchas ramas ya se habían caído. Es entonces cuando de la parte superior, la más extrema, hice el "Great Goyesque" una piel de 5 metros y medio, y al mismo tiempo otra "Goyesque", de dos metros de una rama un poco inferior. Tres años después, el "Great Goyesque" ya no corresponde al estado actual del árbol. En otoño de 2016 hice una última piel de otra rama de 3 metros de largo que hoy es la nueva extremidad de la corona. ¿Hasta cuándo…?".

La disposición de las Goyesques en el espacio del nivel +1 en el CAB encuentra en la tercera de las salas su conclusión final: pieles realizadas con las últimas ramas de la copa del árbol caído que colgadas del techo compondrán una constelación votiva, una última ofrenda que se rinde a su corona "antes de la última reverencia".

Juan Vallejo: Doble espiral. Entre 1971 y 1972 el artista Juan Vallejo (Burgos, 1949) realizó, en la bóveda de la escalera imperial de la abadía cisterciense de San Pedro de Cardeña, un gigantesco mural cuya contemplación no deja a nadie indiferente. Lejos de intentar glorificar, de relatar biografías o recrear episodios vinculados al relato histórico del monasterio, Vallejo se adentró en el silencio interior, en las perturbaciones y en los tormentos con que los monjes viven su relación con la mística.

Más de cuarenta años después, en 2013, Juan Vallejo emprendió la restauración de otro de los murales realizados en Cardeña: los Pecados Capitales situados en las galerías de la hospedería. Aquella experiencia, el reencuentro cara a cara con una de sus primeras creaciones, el combate pictórico y, por qué no, personal con un trabajo a prueba de convenciones, está en el origen de la propuesta que se presenta en el Centro de Arte Caja de Burgos CAB.

El propio autor explica cómo se alza la espiral -no solo como signo gráfico, sino como elemento simbólico cargado de significado- en el vehículo expresivo que caracteriza la obra de Cardeña en la bóveda y en las galerías donde recrea los Siete Pecados Capitales, y cómo es la espiral la que provoca el enlace, la que guía el sentido místico de la obra y la que "por arte de bilocación -en palabras de Vallejo- permite su traslado hasta el CAB".

Las viejas espirales retocadas en las paredes del monasterio alumbraron otras nuevas en una traslación de enorme fuerza plástica. El resultado no es apto para pusilánimes. Monjes vortiformes que liberan sus almas atrapadas sobre la escalera de Cardeña en los nuevos y cetrinos lienzos dispuestos en el CAB; tormentosas creaciones que refieren sin tapujos deseos ocultos, que se revuelven contra las privaciones, que gritan reclamos de vida cierta, espoleados frente a las ausencias, insatisfechas ante la penuria y la parquedad.

Es en este juego de espirales, una forma geométrica cuya naturaleza formal reclama alejarse siempre del punto del que arranca en un viaje inconcluso, donde radica la audaz propuesta de Juan Vallejo: dos experiencias pictóricas y místicas que tanto se atraen como se repelen, contraen y expanden, crecen y merman en un reencuentro sin fin.

El desarrollo completo del proyecto de Juan Vallejo se articula en torno a una serie de obras que de alguna manera abundan en este imaginario místico. La pintura titulada Espiral-vínculo convive dialécticamente con la gran proyección del film realizado para esta muestra en el monasterio de Cardeña. A ellas se suman las esculturas de la serie Organum, la instalación Trillo-espiral y la pintura La cena del Ausente. Apocalipsis, un óleo de gran formato realizado en 2002 que será intervenido por el artista a la conclusión de la muestra. Pero sin duda una de las piezas más significativas de la exposición es el trabajo consagrado por el artista al Réquiem. Un Réquiem mudo, de gran intensidad expresiva y poética, construido con pasión sobre las hojas de un libro descomunal. Su sola presencia física atrapa y atemoriza por igual. Trazado y anotado verso a verso, constituye un ejercicio de interiorización mística que Vallejo relaciona con la lectura de varios de sus poetas favoritos: Paul Celan, Juan de Yepes, Juan Gelman, Neruda, Pizarnik o Hölderlin, autores que conforman lo que el pintor llama su "anatomía cultural". Un Réquiem surgido del gesto y del arrebato, que se expande por las paredes de la sala en un alegato de la creación íntima.

bullet Más información: www.cabdeburgos.com





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