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9 junio – 24 septiembre 2017

June Papineau. ¡Chopo viejo! Has caído

En CAB | Divulgación

Sobre la
exposición

Localización

Calle Saldaña, S/N. 09003 Burgos


Horario

De martes a viernes de 11:00 a 14:00h y de 17:00 a 20:00h.
Sábados de 11:30 a 14:30h y de 17:00 a 20:00h
Domingos y festivos de 11:00 a 14:30 h.
Cerrado lunes y fiestas locales


Visitas comentadas
  • Sábados a las 13:00 y 18:30h y domingos a las 13:00h.

Los dibujos realizados a la acuarela in situ, desde 2014 hasta 2017, y las pieles de un árbol que llegó a alcanzar treinta metros antes de desplomarse sobre el suelo gradúan el contenido de la exposición. Al principio dibuja solamente a lápiz: “En el otoño de 2011 decido dibujar lo que veo. Con lápiz y papel empiezo por intentar captar el árbol en su totalidad. Sin embargo la enorme masa de ramas que tengo delante solo me deja dibujar aquello que, literalmente, apresa mi mirada. Al dibujar, el dibujo me apresa”, relata la autora. En cierto sentido, lo que se ve es dos veces efímero. El árbol caído se descomponía rápidamente, con cambios perceptibles cada día; la luz se deslizaba entre ramas y tronco y se fijaba sobre los detalles solo unos instantes, antes de devolverlos a la sombra e iluminar a otros nuevos. Con la acuarela la autora intenta seguir este juego cambiante, para captar con sus pinceladas tanto la forma alcanzada al final del día como la desaparición sufrida.

Las pieles, “gemelos especulares” en palabras de Papineau (nuestros gemelos devueltos en el espejo de la mirada, a la postre), invierten las marcas del árbol, los arañazos, las protuberancias, las raíces, los brotes arrancados y los que prosperaron. Obtenidas tras una compleja y cuidadosa operación que precisa del recubrimiento en arcilla y su reentelado para dotarlo de consistencia, se convierten en sujetos evocadores de una existencia casi borrada, casi ilusoria.

La autora identifica estas pieles como Goyesques [Goyescas]. Con ellas alude a dos de las grandes trabajos del pintor aragonés. Los desatres de la Guerra por un lado y las pinturas de la Quinta del Sordo, por otro. “Todo el ramaje que se arremolinaba en torno a un extremo estaba plagado de lobanillos gruesos que parecían tener vida propia: unos simulacros de animalidad, torturados y deformes. Me vino a la mente uno de los aguafuertes más estremecedores de Los desastres de la guerra de Goya —Grande hazaña, con muertos— y sus cadáveres mutilados atados a un árbol maltratado por la intemperie”. Las figuras que cubrieron la Quinta del Sordo entendidas como una alegoría de la compasión sin límites, según la interpretación de  Yves Bonnefoy que refiere la artista: “la compasión absoluta es lo único real en un universo donde todo es ilusorio salvo el dolor”.

“Las pieles captan los rasgos de las ramas que forman la copa —explica June Papineau—. Las dos primeras pieles datan de 2013; era un momento crítico, el álamo negro llevaba unos años desarraigado y muchas ramas ya se habían caído.  Es entonces cuando de la parte superior, la más extrema, hice el «Great Goyesque» una piel de 5 metros y medio, y al mismo tiempo otra «Goyesque», de dos metros de una rama un poco inferior. Tres años después, el «Great Goyesque» ya no corresponde al estado actual del árbol. En otoño de 2016 hice una última piel de otra rama de 3 metros de largo que hoy es la nueva extremidad de la corona. ¿Hasta cuándo…?

La disposición de las Goyesques en el espacio del nivel +1 en el CAB encuentra en la tercera de las salas su conclusión final: pieles realizadas con las últimas ramas de la copa del árbol caído que colgadas del techo compondrán una constelación votiva, una última ofrenda que se rinde a su corona “antes de la última reverencia”.

  • Curadoría: Javier del Campo
  • Producción: Fundación Caja de Burgos

Galería de imágenes

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