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Declaración de principios

Por Jesús J. de la Gándara Martín, psiquiatra y coordinador científico del programa Salud Mental

Hablemos con claridad y conocimiento sobre salud mental y estilo de vida. Dos términos de una compleja ecuación humana.

Conocerse, actuar con mesura y equilibrio, y aprender a dirigir la propia vida son claves fundamentales para una buena salud mental. Esta fórmula, en apariencia sencilla, encierra una gran complejidad. Para que se convierta en algo aplicable y útil, debemos traducirla en propuestas realistas, factibles y sostenibles. Solo así podemos aprender, avanzar y mejorar.

Con este propósito hemos diseñado un conjunto diverso de actividades formativas, divulgativas y experienciales que ponemos a disposición de todas las personas interesadas en su propio bienestar. Esperamos que, con tu implicación, esta iniciativa sea verdaderamente transformadora.

Nuestro punto de partida es claro: cómo vivimos refleja cómo somos y estamos. Nuestra forma de alimentarnos, de relacionarnos, de amar, trabajar o descansar influye en nuestro bienestar psicológico. Incluso condiciona cómo enfermamos, cómo sufrimos y qué calidad de vida alcanzamos. La vida gira en torno a tres ejes esenciales: nutrición, relación y reproducción. Más allá de sobrevivir o perpetuarnos, necesitamos vivir de manera fuerte, fecunda y plena. En términos de salud mental, esto se traduce en buscar una existencia serena, segura y satisfactoria.

Parte de nuestra forma de ser viene determinada por la genética. No la elegimos: la heredamos y la transmitimos. Por eso, debemos conocerla, aceptarla, sacar provecho de lo positivo y amortiguar lo que limita. De ahí nace el primer principio: Conócete bien. Ya lo decían los sabios griegos: el autoconocimiento es el punto de partida del crecimiento.

Pero también hay otra parte —igualmente importante— que depende de nuestras elecciones, de lo que hacemos y de cómo lo hacemos. Ahí reside nuestra libertad, nuestra capacidad de influir en quiénes somos. Segundo principio: Vive con moderación. Evita los excesos, busca el equilibrio, sé una persona mesurada. Esta actitud no solo mejora tu vida, sino también la de quienes te rodean.

Si consideramos que ambas dimensiones —lo que heredamos y lo que construimos— conforman nuestra identidad, entonces el reto está en aprender a equilibrarlas. Lo instintivo y lo aprendido, lo biológico y lo social, deben convivir en armonía. La clave está en no dejarnos llevar por la inercia, sino tomar las riendas. Tercer principio: Gobierna tu vida. Ser capaces de dirigirnos con autonomía es una de las expresiones más profundas de la dignidad humana. Es la base de una sociedad que aspira a la igualdad, la libertad y la cooperación.

Así pues, conócete, modérate, gobiérnate. Si lo haces, no solo mejorarás tu calidad de vida, sino también la de las personas con las que convives. Aprenderás a respetar y a ser respetado, a vivir de forma más plena y a contribuir al bienestar colectivo. Pero, ¿cómo se alcanza este equilibrio? Aprendiendo. Aprender a vivir, a cambiar, a adaptarse: esa es una de las capacidades más valiosas que tenemos. También lo decían los griegos. Aprender a aprender es la base de la mejora personal y social.

Este proceso de transformación personal no busca la perfección, sino el desarrollo de una actitud consciente hacia la vida. Requiere voluntad, constancia, sentido crítico y práctica. Implica salir de la comodidad de lo automático, vencer la resistencia al cambio y cultivar la atención.

El estilo de vida —tan nombrado en las últimas décadas— es hoy una preocupación central en salud pública, y con razón. Sabemos que influye decisivamente en nuestra salud física, mental y emocional. Sin embargo, pese a reconocer su valor, solemos relegarlo frente al ritmo rutinario de nuestras obligaciones diarias. Esa rutina —casi siempre centrada en la inmediatez y el mínimo esfuerzo— nos aleja del autocuidado, porque vivir bien requiere energía, conciencia y compromiso.

Si de verdad queremos ser autores de nuestras vidas, alcanzar una forma de vivir que nos permita ser, estar y sentirnos bien, necesitamos desarrollar la atención activa, la moderación consciente, la capacidad de decisión y la voluntad de aprender. Solo así podremos convertir nuestras vidas en espacios de bienestar, autonomía, salud y libertad.

Este programa nace desde esa convicción. Hemos articulado una propuesta integral que explora la relación entre el estilo de vida y la salud mental, basada en conocimientos actualizados, en la experiencia clínica y en la reflexión filosófica. Somos optimistas: creemos que se puede aprender de los errores, mejorar los hábitos y construir nuevas formas de vivir. Ojalá que esta propuesta te resulte útil, cercana y aplicable. Si conseguimos que despierte reflexión, promueva cambios y genere bienestar, entonces nuestro trabajo habrá cumplido su propósito.