18 de octubre de 2026
La IA acelera la necesidad de comprender mejor los retos y problemas de las organizaciones
Cuanto más accesible resulta producir software, más importante es el criterio para saber qué construir, cómo integrarlo y con qué garantías. Esta es una de las reflexiones extraídas en la interesante mesa redonda «El futuro de la profesión de informático» celebrada el viernes, 16 de octubre, con la colaboración de la Fundación Caja de Burgos en la XI edición de MorcillaConf organizada por GDG Burgos. Desde la universidad, la industria y el desarrollo de software, la conversación planteó una idea central: la IA puede automatizar una parte del trabajo técnico, pero no sustituye la necesidad de comprender los problemas, decidir cómo resolverlos y responsabilizarse de los resultados.

Con el aforo completo, el edificio Nexo de Fundación Caja de Burgos acogió la mesa redonda «El futuro de la profesión de informático«, celebrada el 16 de octubre en el edificio Nexo. El debate, evento inaugural de la XI MorcillaConf, reunió al profesor titula de Ingeniería Informática de la Universidad de Burgos, Raúl Marticorena Sánchez; a la IT/OT leader planta de Burgos de Bridgestone; al CEO de Bjaland Technologies Francisco Javier Sancho y al senior engineering manager de Softeca, José Ortega.
Bajo la conducción del consultor Cloud de Deloitte y miembro de GDG Burgos, colectivo organizador del encuentro, los cuatro ponentes dibujaron un escenario de una profesión cuyo valor no se agota en escribir código sino que comprender los problemas, diseñar, integrar, verificar y acompañar a las empresas siguen siendo tareas centrales.
La IA como herramienta puede acelerar el trabajo, pero no reemplaza el conocimiento necesario para darle dirección y evaluar sus consecuencias.
Desde esta perspectiva, el futuro profesional no depende solo de manejar nuevas herramientas, sino de saber cuándo confiar en ellas, cuándo corregirlas y cuándo detenerse a comprobar. En otras palabras, la gran aportación de los profesionales de la informática en las empresas es convertir la capacidad de la IA en soluciones útiles, fiables y sostenibles.
Estas son algunas conclusiones de la mesa redonda:
1. Comprender el problema sigue siendo más importante que generar código
La profesión informática empieza antes de escribir código: exige escuchar, conocer los procesos y precisar qué problema se quiere resolver. Jose Ortega de Softeca explicó la importancia de conocer de primera mano el entorno del cliente: «Hay que entender muy bien la necesidad antes de tomar cualquier decisión» Su aportación sitúa el análisis y la comprensión del negocio en el centro del trabajo técnico.
La IA acelera la producción de código, pero no determina por sí sola si se está construyendo la solución adecuada. El profesional aporta contexto, formula las necesidades y orienta el desarrollo: sin ese trabajo previo, la rapidez puede traducirse en más iteraciones, no en mejores resultados.
2. Los fundamentos técnicos permiten mantener el control
Desde la universidad, Raúl Marticorena defendió la vigencia de los fundamentos: «El ingeniero tiene que ser capaz de resolver problemas entendiendo lo que hay por debajo» La formación no se limita, por tanto, a aprender una herramienta; debe permitir comprender sus respuestas, detectar errores y decidir cómo corregirlos.
Su intervención también advirtió del riesgo de perder habilidades cuando se delega en exceso a las herramientas, dijo refiriéndose a la IA generativa. Razonar, practicar y aprender de los errores construye la base necesaria para adaptarse a tecnologías que, sin duda, seguirán cambiando. De ahí la importancia de que las unoversidades formen y capaciten a estudiantes que sepan adaptarse, constantemente, a escenarios que cambian a gran velocidad.
3. Convertir una demostración en una solución fiable
La mesa distinguió entre un prototipo que parece funcionar y una solución preparada para integrarse, mantenerse y crecer.
Francisco Javier Sancho de Bjialand Tecnologies explicó que los prototipos creados por los propios usuarios pueden ayudar a concretar las necesidades, aunque en ocasiones sea necesario reconstruir su base técnica para llevarlos a producción.
Sarai Rodero trasladó esa exigencia al entorno industrial. «Mis cimientos tienen que estar muy bien puestos, con unos datos muy fiables» Con esta imagen se refería a las condiciones previas que hacen posible aplicar la IA en una fábrica: conectar máquinas, recoger información fiable y disponer de una infraestructura capaz de sostener esos datos.
La aportación del profesional informático consiste en conectar ambos mundos: comprender los sistemas existentes, preparar los datos y planificar una integración viable. Los «cimientos» no son un trabajo secundario: son lo que permite pasar de una demostración a una solución útil en producción.
4. Validar los resultados y garantizar la calidad
Generar datos, informes o código no equivale a validarlos. El valor del profesional está en conocer el proceso lo suficiente para contrastar el resultado y decidir si puede utilizarse. La reflexión general de los ponentes apuntaron a un perfil informático más allá de la programación: el tratamiento de datos, la infraestructura y el pensamiento crítico son necesarios para que la velocidad de la IA se traduzca en resultados fiables.
5. Seguridad y gobernanza para una tecnología más accesible
La aportación informática consiste en acompañar la automatización con accesos controlados y condiciones de continuidad, evitando que una solución útil hoy se convierta mañana en una dependencia sin soporte. La función del profesional no es solo construir software: también es crear las condiciones para que otros lo utilicen y desarrollen con garantías.

6. Más valor aportado, no solo menos horas de trabajo
La mejora de productividad se planteó como una oportunidad para ampliar las soluciones, no únicamente para reducir el esfuerzo dedicado a ellas. Disponer de herramientas más rápidas permite abordar funcionalidades y necesidades que antes resultaban difíciles de asumir.
En este sentido, José Ortega aseguró que no se trata de que las empresas inviertan menos gracias a la IA, «se trata de conseguir más, de cambiar el alcance«.
Sancho, por su parte, vinculó el servicio tecnológico a la implicación en el proyecto y a la tranquilidad que recibe el cliente: «El valor que aportas en cada solución es la clave, eso va mucho más allá de las horas trabajadas».
Desde la perspectiva industrial, Sarai Rodero concretó qué significa ese valor: comprender el proceso, integrar la solución y evitar que su implantación provoque interrupciones o problemas en una actividad que funciona de manera continua.
El tiempo ahorrado al programar es solo una parte del beneficio; la continuidad de la producción y la adecuación de la solución a la necesidad real también cuentan.
El valor profesional reside en esa comprensión y en la calidad de la implantación, no únicamente en el método utilizado para generar el código. Esto no elimina de inmediato la referencia comercial (precio por hora) -matizó José Ortega- pero desplaza la atención hacia el resultado.
7. Aprendizaje continuo, mentoría y nuevas habilidades
El aprendizaje continuo y la transmisión de conocimiento ocuparon un lugar importante en esta primera conversación del MorcillaConf .
Aprender a utilizar la IA debe ir unido a comprender qué se está haciendo y por qué. Acelerar el aprendizaje tiene sentido si también se desarrolla el criterio necesario para orientar y validar el trabajo.
El profesor universitario Raúl Marticorena situó el reto formativo en preparar a las personas para problemas y tecnologías que todavía no conocemos. La mesa también apuntó hacia una profesión con más comunicación, iniciativa y comprensión del negocio. La capacidad de aprender y colaborar complementa los fundamentos técnicos y permite trasladarlos a nuevas situaciones.

8. Una transformación rápida, pero desigual
Los ponentes coincidieron en la importancia del cambio, pero matizaron su ritmo. Al compararlo con Internet, Raúl Marticorena afirmó: «La revolución es igual de grande, lo que pasa es que la de ahora va más rápido«.
Sarai Rodero explicó por qué esa diferencia de ritmos es especialmente visible en la industria. Una tarea administrativa individual puede automatizarse con rapidez; transformar una planta exige conectar equipos, adaptar sistemas y sostener la operación existente. Al imaginar el futuro, distinguió entre modernizar una fábrica con años de actividad y diseñar una instalación nueva que incorpore desde el principio las tecnologías disponibles.
Avanzar paso a paso no equivale, en este contexto, a renunciar a la innovación, sino a hacerla compatible con las condiciones reales de la empresa.

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